CAPÍTULO II (post VII)
Por otro lado Xabel, ya en su res, vuelve encantado a la rutina disfrutando de la compañía de su pequeña ‘familia’.
- Qué, Mozart, ¿cómo os fue en mi ausencia?, ¿os lo pasasteis bien?.
- Bueeeno…, demasiadas manzanas, demasiado maíz, demasiados cereales…, Alex es, gastronómicamente, monotemático.
Le pedía pechuga de pollo y se creía que estaba bromeando, le pedía huevos duros y se reía, él sólo me ve comiendo lechuga y cacahuetes. ¡Humanos!.
- Entonces mejor una buena dieta para compensar. ¿Lentejas, por ejemplo?.
- ¡Estos humanos no tienen imaginación!. Comenta Mozart contrariado.
- Pídele naranja y plátano con galletas y se lo preparas en papilla. Siempre le sienta mal, pero le encanta. Comenta Cesar mientras se cuida sus uñas.
- Tazaza freza, pédele tazaza freza comenta Victor, dejando a todos en silencio, intentando descifrar el mensaje .
Pasa un ángel, pasan dos…
- ¡Claro, tienes razón Victor, le encantan las patatas fritas!
- (Si, crujientes y ruidosas patatas fritas, murmura Cesar, acicalándose).
- Unos muslitos para Victor y… ¿tu y yo, Cesar?.
- Hamburguesa, una enorme y supercompleta hamburguesa con doble de todo.
- Ok, tema resuelto. Mozart, mira, por favor, si hay algo de deporte para ver.
Xabel se dirige al panel, encarga el menú y se sienta con Cesar al charlar mientras llega la comida.
- ¿En el centro están cambiando bastante las cosas, no? pregunta Cesar , hace un par de meses parecía una clínica veterinaria y ahora parece, más bien, un correccional.
- Si, estamos un poco desconcertados, supongo que pronto nos explicarán lo que está pasando y a que se debe tanto revuelo. La verdad es que me siento como un intruso en mi propio laboratorio, son demasiados cambios en tan poco tiempo.
- Es preocupante Xabel, todo indica que el Stat ve como principal aplicación de tus técnicas, la ‘reorientación’ social de delincuentes.
- Por favor Cesar, seamos optimistas, quizá sólo sea una ampliación de objetivos mal gestionada, si hubieran contado con nosotros…
Posted in Xabel (en español), CAPÍTULO II |