CAPÍTULO II (post VIII)
Ya con la comida en la mesa (Xabel y Cesar) continúan la conversación.
- Xabel, un implante en un humano, digamos en un delincuente, ¿que efectos puede tener?, ¿como se le trata?.
- Pues bueno, al aumentar su capacidad intelectual, primero tendrá una fase de reeducación, después se intentará que realice una autocrítica, analizando sus errores pasados y reinsertándole en un trabajo que alimente su conciencia social, el porcentaje de éxito será bastante alto.
- Pero… ¿afecta a la personalidad?.
- Claro, pero, en principio, enriqueciéndola. Otra cosa será si además del implante se tocan zonas concretas del cerebro para reducir agresividad, por ejemplo. Es imposible, al menos hoy, manipular el cerebro con tanta precisión. Le puedes quitar agresividad y a la vez decisión, la espontaneidad. Son zonas del cerebro que controlan miles de impulsos. Ya hace bastante tiempo que abandonamos ese camino.
- Alex no parece muy convencido de que no lo estén haciendo comenta Cesar .
- Ya, algo me insinuó. Debemos esperar una explicación. Si eso fuera cierto tendríamos que abandonar el proyecto.
- Pero Xabel, el proyecto es tuyo.
- Cesar, si tu conocimiento se dedica a fines que no compartes, mejor dejarlo y no colaborar ¿no?.
- Es tu proyecto y has conseguido resultados espectaculares, puedes ayudar a muchísimas personas, está en tu mano hacer que todos los animales del planeta nos podamos comunicar y transmitir nuestra experiencia y distinta visión de la vida. Nosotros, los animales, podemos aportar mucho a la humanidad, hay muchas cosas por descubrir, creo que nunca deberías abandonar.
- No depende de mi, Cesar, si el proyecto cambia sus objetivos no creo que sea mi proyecto, si nuestros avances se utilizan para fines distintos a los planteados ó si las técnicas que se aplican se salen de lo que permite nuestra ética, no debemos colaborar.
- Mejor esperar, no dramaticemos, lo mismo estamos equivocados.
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